EL MUDO
Al salir el Sol de cada mañana y desenfriar la fría noche, su silueta se dibujaba clara y quieta, igual cuando el sol cortaba en dos el firmamento, su sombra era exacta a su alrededor y lo mismo, cuando el sol cae y derrama una luz dorada, como chorreando miel sobre las cosas. La costumbre de verlo sentado, quieto, callado le daba a la gente una aire de eso, costumbre, verlo a diario en el mismo lugar con la misma ropa roja y su mirar sereno ajustaba el pasaje de los paisanos. La lluvia y el frío no fueron nunca sus amigos pero él tampoco los hizo enemigos, más bien, eran una rara compañía. El día que se supuso padecía de una enfermedad que le impedía hablar o moverse, casualmente, vino al pueblo una excursión de turistas, que como siempre son curiosos y toman fotos de lo que se mueve de lo que está quieto, se toman fotos a ellos y piden que otros usen sus cámaras para que les saquen fotos. Mas ese día, un hombre de barba larga y caminar lento más b...